Torre del Verger (Mirador de Ses Ànimes): El Mejor Atardecer de la Ma-10

Torre del Verger: El vigía de poniente

Conduzco con asiduidad por la carretera Ma-10, casi siempre con mi perra Cala asomando el hocico por la ventanilla para recibir la brisa salada. La costa occidental de Mallorca es abrupta e implacable. Suspendida sobre un acantilado vertiginoso entre los pueblos serranos de Banyalbufar y Estellencs se alza la Torre del Verger. Quienes buscan comprender la fascinación universal que despierta esta isla descubren aquí que, más allá de los arenales del sur, la verdadera alma mallorquina reside en la indómita Serra de Tramuntana.

Torre del Verger
«Torre del Verger» por Kent Wang bajo licencia CC BY-SA 2.0. Fuente: Openverse

El trayecto desde Palma: Al volante por la Ma-10

Dejando atrás el llano central, la subida a las montañas transforma la perspectiva del viajero. Tomar la ruta hacia Esporles y descender hacia Banyalbufar es una auténtica lección de geografía insular: la calzada se estrecha, los muros de piedra en seco (*marge*) rozan los retrovisores y los bancales de olivos milenarios se suceden ante los ojos.

Recorrer con prisas la Ma-10 es un error garrafal. El trazado encadena curvas de herradura donde conviven conductores y pelotones ciclistas. La paciencia es obligada: reduzcan a segunda marcha, abran el giro donde haya visibilidad y dejen que el ritmo del paisaje marque el compás. El Consell de Mallorca dispone de apartaderos donde ceder el paso con seguridad a los vehículos locales.

Orígenes en 1579: Corsarios y señales de humo

En el siglo XVI, el Mediterráneo occidental era una frontera de permanente zozobra. Los corsarios berberiscos atacaban sin tregua las costas baleares para saquear cosechas, quemar caseríos y capturar isleños como botín de rescate. Las poblaciones costeras necesitaban un sistema de alerta eficaz antes de que las galeras fondearan en las calas.

En 1579 se comisionó la construcción de esta torre vigía, integrada en la vanguardista red defensiva proyectada por el humanista y matemático Joan Binimelis. De día quemaban leña húmeda produciendo densas humaredas; de noche encendían grandes fogatas. La torre contigua replicaba la señal y la alarma alcanzaba Palma en cuestión de minutos.

Mallorca - Torre del Verger - Sign 1579
«Mallorca – Torre del Verger – Sign 1579» por Genet bajo licencia CC BY-SA 4.0. Fuente: Openverse

Pinares litorales y flora agreste

El entorno de Torre del Verger es severo. El azote incesante del salitre y el viento modela los pinos carrascos, cuyas raíces retorcidas se aferran a las fisuras calcáreas. En primavera brotan el romero salvaje y el hinojo marino. Binimelis eligió este saliente no solo por su campo visual ilimitado, sino por su inexpugnabilidad natural.

Serra de Tramuntana costa
«0.1. Mar Mediterrània – Serra de Tramuntana» por Vicenç Salvador Torres Guerola bajo licencia CC BY-SA 3.0. Fuente: Openverse

Subida a la Torre de las Almas

Conocida popularmente como *Torre de ses Ànimes* (Torre de las Almas), la leyenda asegura que los espíritus de antiguos vigías vagan por las ramas de los pinos al atardecer. La fábrica cilíndrica de caliza mide ocho metros de altura con muros de más de un metro de espesor.

Originalmente carecía de puerta baja: los guardas subían por una escala de cuerda que recogían en caso de asalto. Actualmente, una estrecha escalera metálica interior permite ascender hasta la trampilla de la azotea. Al salir a la plataforma superior, la fuerza del viento y el abismo de centenares de metros cayendo a plomo sobre el mar cortan la respiración.

No suban por la escala interior en total penumbra. La piedra caliza de la trampilla superior está pulida por siglos de pisadas y un resbalón en lo alto entraña serio peligro.

Mateo Valero

La fascinación del Archiduque

Hacia finales del siglo XIX la torre perdió su utilidad militar y amenazaba ruina. Fue entonces cuando el archiduque Luis Salvador de Austria (*S’Arxiduc*), propietario de la finca vecina de Son Marroig, adquirió el promontorio convencido de que albergaba el mirador más sublime de toda la isla.

Acantilados de Mallorca
Foto por Sergei Gussev en Pexels

En 1955 el Consell de Mallorca restauró la mampostería para afianzar los cimientos frente a la erosión eólica y marina, consolidándola como icono público permanente.

El momento culminante: El atardecer en la Tramuntana

El acceso a la torre es libre y gratuito en todo momento. Si me preguntan cuál es el atardecer más conmovedor de la isla, mi respuesta es siempre este rincón de poniente durante la hora dorada, cuando los acantilados se tiñen de matices púrpura y cobrizos. Es recomendable acudir una hora antes del ocaso para encontrar sitio.

Incluso en julio la brisa marina en la terraza superior es fresca: lleven siempre una chaqueta ligera.

Aparcamiento y consejos de seguridad

El área de estacionamiento junto a la carretera es sumamente pequeña, con capacidad para escasos seis o siete turismos, lo que provoca retenciones en horas punta.

Tengan presente una pauta de precaución: en los miradores apartados nunca dejen maletas, mochilas ni objetos de valor a la vista dentro del coche. Dejen la guantera abierta para mostrar que está vacía y disfruten de la visita sin sobresaltos.

Banyalbufar y sabores de la tierra

Tras la puesta de sol, acérquense al encantador pueblo de Banyalbufar para saborear una copa de vino blanco autóctono de uva Malvasía frente a los bancales históricos. Degusten asimismo un auténtico *pa amb oli* con tomate de ramellet y sobrasada tradicional, tal y como detallamos en nuestra guía de Comidas Tradicionales de Mallorca.

Para explorar la comarca sin el estrés del volante, pueden unirse a una Excursión VIP por Valldemossa, Deià y Sóller o contemplar los acantilados desde el mar en Paseos en Barco y Cruceros.