En el levante de la isla, donde la roca caliza se funde con el aire salino del Mediterráneo, se oculta un enclave que parece pertenecer a otro planeta. Las Coves del Drac o Cuevas del Drach trascienden la mera curiosidad geológica: forman parte indisoluble de la identidad mallorquina. Cuando era niño, mi abuelo me relataba la leyenda del dragón alado que habitaba estas simas, custodiando un fabuloso tesoro inalcanzable para piratas o caballeros. Incluso hoy, habiendo recorrido sus galerías decenas de veces, esa sensación de misterio telúrico permanece intacta cada vez que desciendo a sus profundidades.
El Descenso al Corazón de la Tierra
Adentrarse en las cuevas supone una profunda transición sensitiva. Se deja atrás el calor del sol balear para descender 121 escalones hacia un microclima estable con una temperatura constante de 21 °C. La piel agradece el alivio térmico, si bien la humedad ambiental es muy densa, rozando el 80 %. Para esta visita suelo dejar a mi perra Cala en casa: las cuevas no permiten el acceso de mascotas y las escaleras húmedas no son un entorno adecuado para un perro.
El itinerario turístico abarca unos 1.200 metros a través de cuatro grandes salas subterráneas: la Cueva Negra, la Cueva Blanca, la Cueva de Luis Salvador y la Cueva de los Franceses. Cada cavidad posee una atmósfera propia: miríadas de estalactitas cuelgan del techo como agujas heladas y las estalagmitas se alzan a su encuentro a lo largo de decenas de miles de años. Es una pausada conversación entre el agua y la roca. Aunque haya visitado las Coves de Campanet o las Cuevas de Génova, la monumentalidad de Drach juega en una liga propia.
La Expedición de 1896
Aunque se conocían desde la Edad Media, su consagración internacional se produjo en 1896. El científico francés Édouard-Alfred Martel, padre de la espeleología moderna, descubrió el inmenso mar subterráneo que hoy lleva su nombre. Aquella expedición constituyó una hazaña científica guiada únicamente por cuerdas, barcas de lona y lámparas de carburo.
El Mago de la Luz
En 1935 la experiencia dio un giro magistral gracias al ingeniero catalán Carles Buïgas, conocido como «el mago de la luz». Diseñó una sutil iluminación artística que guía al visitante, evitando focos estridentes y empleando penumbras cálidas para realzar las texturas geológicas y crear un ambiente onírico.
El Lago Martel y el Concierto sobre el Agua
El momento cumbre del recorrido se vive frente al Lago Martel, uno de los mayores lagos subterráneos del planeta, con 177 metros de longitud. El agua es tan cristalina y está tan calma que refleja las formaciones superiores con fidelidad milimétrica. Los visitantes toman asiento en un anfiteatro natural labrado en la roca y, de súbito, se apagan todas las luces. En medio de la oscuridad absoluta, las primeras notas de un violín comienzan a vibrar en las bóvedas subterráneas.
La música clásica dota a la cueva de un hálito casi orgánico, como si la propia roca milenaria respirase al compás del violonchelo.
Un cuarteto de cuerda y teclado (dos violines, un violonchelo y un clavicémbalo) aparece sobre pequeñas barcas de madera iluminadas con farolillos encendidos. Se deslizan en silencio interpretando piezas de Chopin, Offenbach y Caballero. Son diez minutos de recogimiento que se mantienen inalterados desde hace décadas. Al término del concierto, puede cruzar el lago a pie por el puente lateral o embarcarse en una de las barcas para navegar sus aguas; subir a bordo es una vivencia imprescindible.
Planificación de la Visita
Llegar desde Palma es sumamente cómodo: tome la autovía Ma-15 hacia Manacor y continúe siguiendo las indicaciones a Porto Cristo. Si opta por el transporte público, la línea 401 de autobuses TIB conecta directamente la Estación Intermodal de Palma con las cuevas en unos 90 minutos de trayecto a través del Pla de Mallorca.
| Tipo de Entrada | Tarifa Online | Tarifa en Taquilla |
|---|---|---|
| Adulto (13+ años) | 18,00 € | 19,00 € |
| Niños (2-12 años) | 11,00 € | 12,00 € |
| Bebés (0-1 año) | Gratuito | Gratuito |
Es indispensable adquirir las entradas por internet con antelación en el Sitio Oficial de las Cuevas. El aforo por turno horario es estricto y las plazas son limitadas. Recomiendo reservar el primer pase de las 10:00 h o el de las 17:00 h, cuando la afluencia de excursiones organizadas en autocar es menor. Está permitido tomar fotografías sin flash ni trípode durante el recorrido, pero durante el concierto musical rige una prohibición absoluta de grabar o fotografiar.
Más Allá de las Cuevas: Porto Cristo
Al regresar a la luz exterior, merece la pena dedicar un tiempo a Porto Cristo. Este acogedor puerto de pescadores conserva un encanto genuino pese a la popularidad de las cuevas. Pasear por el muelle y degustar un tradicional Tumbet en alguna taberna marinera, como describimos en nuestra guía de Comida Típica de Mallorca, es un deleite para el mediodía.
Consejo local: A escasos minutos se ubica la fábrica de perlas orgánicas Majorica. Observar el trabajo artesanal con el que elaboran estas piezas de renombre mundial es una agradable visita antes de regresar a Palma.
Las Cuevas del Drach son un referente turístico por méritos indiscutibles: la conjunción de geología milenaria y música clásica sobre aguas subterráneas compone una vivencia difícil de olvidar. Lleve una chaqueta fina contra la humedad y disfrute del silencio de las entrañas de la tierra.
